PARROQUIA DE SANTIAGO EL REAL

LOGROÑO (Contenido del Boletin 15)

DOMINGO 32º DEL TIEMPO ORDINARIO: (continuación)

 

El novio es Cristo en su segunda venida (“…y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muerto”, profesamos en el Credo). El novio tarda en llegar (Mt. 25,5). Jesús ha profetizado el fin de Jerusalén (el fin de los tiempos), y los discípulos preguntan al Maestro: “¿Cuándo sucederán estas cosas y cuál será el signo de tu venida y del fin de los tiempos?” (Mt. 24,3). Las doncellas que aguardan la llegada del novio se duermen (¿Nos estará diciendo Jesús que hoy también hay muchos cristianos que tienen su fe,… su vida, sus buenas obras,… “dormida”?). A la llegada del novio, las doncellas comienzan a preparar sus lámparas y a algunas no les queda aceite (Mt. 25,5-7). Y unas piden a las otras, a las que llamamos “prudentes”, “sensatas”,… que les presten aceite, pero estas doncellas no se lo pueden dar (Mt. 25,8-9). ¿A qué se referirá este “aceite”? El “aceite” representa la fidelidad y la perseverancia de los discípulos; por eso, las doncellas “sensatas” no se lo pueden prestar a las “necias”. El “aceite” de las lámparas es la puesta en práctica de la enseñanza de Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5,14-16).

Al regresar aquellas doncellas “necias” a la casa donde se celebraba la ceremonia nupcial y el banquete, llaman a la puerta, pero una voz les responde: “En verdad os digo que no os conozco” (Mt. 25,12). Lo que nos recuerda aquel otro dicho de Jesús: “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 7,21). ¿Por qué buenas obras (la voluntad del Padre) crees que eres conocido de Dios?

Recuérdalo, diariamente puedes escuchar en tu corazón la voz que te dice: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo” (Mt. 25,6). Que el Señor, cuando llegue definitivamente a nuestra vida terrena para llevarnos al banquete eterno, nos encuentre con las alcuzas repletas y la lámpara de nuestras buenas obras bien resplandeciente.

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